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Por Fernando Mejorado.
@fermejorado

Diciembre de 2012

Al arrancar esta colaboración, anticipamos que el espacio lo ocuparíamos también para abordar temas sociales, económicos y culturales que, a través de estudios de opinión, tengan impacto en la esfera pública. Es el caso de esta entrega.


En efecto, parafraseando a Borges, somos lo que leemos. Y es que en Durango leemos muy poco. De acuerdo con la Encuesta Nacional de hábitos, prácticas y consumo culturales, auspiciada por Conaculta en 2010, en los 12 meses previos al levantamiento del estudio, prácticamente el 80 por ciento de los duranguenses no leyó ningún libro completo por placer o divertimento, es decir, que no estuviese relacionado con la escuela o su profesión.


Del restante 20 por ciento, sólo el 9.15 por ciento leyó un libro para aprender o entretenerse. El  género preferido por los escasos lectores de Durango es el de novela (15.79%), seguido por los de superación personal (10.77%), historia (10.15%) y fenómenos paranormales, fantasmas y vampiros (10.07%).


Otro dato que impacta es el porcentaje de personas  con capacidad para leer y escribir, que nunca ha ido a una librería o tienda donde vendan libros: 73.9 por ciento.  Y más dramático es saber que 9 de cada 10 de mis coterráneos, en el año previo al levantamiento de la encuesta, no compró un libro sólo por el placer de leer.


 

No dejan de impactar estos datos, porque como dice el autor César Güemes, aquel que escribió la novela Soñar Una Bestia, “más allá de las percepciones biológicas, nuestro mundo está hecho de palabras, frases, párrafos. Y ese alimento que el cerebro pide está en los libros”.


Se puede argumentar, quizás, que el tímido acercamiento a la lectura se fundamenta en una razón económica (18.34 por ciento asevera que la razón por la que no va a las librerías es porque “No tiene dinero” o 10.28 por ciento arguye que es porque “No tiene tiempo ni dinero”). Sin embargo, casi un tercio de los entrevistados reconoció que, en realidad, “No le gusta leer”.


El argumento económico para explicar por qué el duranguense no se siente atraído por la lectura, es insuficiente, toda vez que más de la mitad (52%) reconoce que no ha ido una sola vez en su vida a una biblioteca. Y que dos de cada tres (65.15%) no se ha parado por una en los doce meses previos a que fue encuestado.


Frente a este panorama, entre los muchos retos que tiene frente a sí el nuevo secretario de Educación Pública del estado está el del fomento a la lectura.


EN MENOS DE 140 CARACTERES: Para documentar el optimismo: 44.15 por ciento no lee periódicos. La sección más leída: la policiaca (25.82%).